lunes, 17 de diciembre de 2012

Cólico del Lactante


            Se trata de episodios repetidos de llanto intenso e inconsolable en un lactante bien alimentado y saludable. se habla de la "regla del tres" (3 horas al día, 3 días a la semana y durante 3 semanas). No está del todo clara su causa. Se habla de varias hipótesis: inmadurez digestiva (excesiva producción de gas, hipermotilidad intestinal, cambios en la flora) o inmunológica (intolerancia o alregia a leche de vaca), así como psicosociales (sobreestimulación del lactante, técnicas de alimentación incorrectas) o conductuales (temperamento). Incluso se considera una variante de la normalidad (¿niños irritables?). Quizás se trate de un "cajón de sastre" con varias causas pero con un mismo patrón clínico.
            Es un motivo de consulta frecuente. Casi un tercio de los recién nacidos lo presentan. Se manifiestan como crisis de llanto intenso e inconsolable, habitualmente por la tarde-noche. Se acompaña de enrojecimiento facial, puños cerrados, distensión abdominal, flexión de extremidades inferiores e hiperextensión de columna. Parece grave, sobretodo la primera crisis, pero su pronóstico es benigno. Se trata de un proceso autolimitado que desaparecerá entre el tercer y cuarto mes de vida. No es una enfermedad y evolucionará hacia la resolución.
¿Cómo se trata?
             No hay medicación eficaz. El pediatra intentará reducir la ansiedad de los padres con información y pautas de manejo. Si, por la severidad y/o frecuencia de los episodios, los padres no pueden afrontar la situación, se harán intervenciones terapéuticas: las opciones son la simeticona oral (sin evidencia de eficacia pero segura) y la dieta exenta de proteínas vacunas (leches especiales hidrolizadas en los que toman biberón o evitando lácteos y derivados en la dieta de la madre que da pecho). Estas opciones se pueden probar durante una semana y mantenerse si se observa mejoría. Otras posibilidades sin evidencia científica clara pero que podrían ser útiles son los probióticos (Lactobacillus reuteri) y los fitoterapéuticos (hinojo solo o en combinación con manzanilla, verbena y regaliz). Estos últimos se deben tomar con moderación para evitar la interferencia con la leche. Recuerde que existen anises estrellados que pueden ser tóxicos.
¿Qué hacer para mejorarlo?
             Establecer hábitos o rutinas en el día a día del niño. Evitar la sobreestimulación. Se deben adquirir habilidades para calmar a un bebé que llora mediante el entrenamiento de padres en las cinco necesidades (hambre, succión, protección/frío-calor, atención y sueño). Las estrategias calmantes habituales son: alimentación, succión o chupete, emisión de gases, cogerlo en brazos, balanceo y acunamiento, baño caliente, paseo en coche de niño o en automóvil. También se puede instruir en el swaddling (enrollar al bebé con una sábana dejándolo inmóvil). Incluso la utilización del "ruído blanco" a baja intensidad (como el ruido de un secador de pelo o una aspiradora) puede favorecer la relajación y el sueño. Es fundamental que los padres descansen cuando el bebé está dormido, que se turnen en su cuidado y soliciten apoyo a familiares. Ademas, puede ser útil compartir experiencias con otros padres.



Siendo benigno y transitorio....¿cuál es su peligro?
             Origina inseguridad sobre la alimentación adecuada. Se debe evitar la introducción precoz de alimentos complementarios. Si está con lactancia materna, no existe ninguna duda de que es la mejor. No son recomendables la leche de soja, hipoalergénica (anticólico o HA) ni sin lactosa. Pero el principal peligro es el síndrome del bebé sacudido. Se debe evitar coger al bebé durante discusiones. Si hay momentos en que el llanto se siente intolerable, lo mejor es poner al bebé en un lugar seguro (por ejemplo su cuna), tomarse un tiempo (minutos) y pedir ayuda. Existe la posibilidad de perder el control y producir lesiones graves e incluso mortales agitándolo.
Diagnóstico diferencial
            Puede ser útil el uso de un Diario de Comportamiento. Registrará tomas, tiempo de sueño-vigilia y episodios de llanto (duración e intensidad) en una tabla o gráfica horaria. Así se objetiviza evolución y posibles desencadenantes. Es primordial la confianza en el pediatra y la enfermera/matrona. Comprobarán la adecuada ganancia de peso y técnica alimentaria. Le realizarán preguntas y una exploración física para descartar otras patologías menos comunes. No suelen ser necesarias otras pruebas.
¿Cuándo preocuparse?
             Son signos de alarma: mal estado general, escasa ganacia de peso, fiebre, pausas respiratorias, mal color o síntomas neurológicos (somnolencia, hipotonía, convulsiones). También si aparece pronto en los primeros días de vida o persiste más allá del cuarto mes.

Cris Valiño

       



 


        

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