miércoles, 3 de abril de 2013

Guía de apoyo a la maternidad

0 comentarios


La Xunta recopila en una guía los recursos y asistencia a las embarazadas.


La secretaria xeral de Igualdade, Susana López Abella, ha presentado hoy una guía de recursos, apoyo y
asistencia a la maternidad, un manual en el que la Xunta facilita a las mujeres gestantes toda la información sobre los recursos que les ofrece la Administración. La guía, con la que el Gobierno gallego defiende que contribuye a «garantir o dereito á maternidade», contiene información básica sobre los recursos, programas y ayudas a los que pueden acceder las embarazadas, y que complementan las medidas establecidas con anterioridad en el Plan Integral de Apoio á Muller Embarazada 2012-2014, que la Xunta aprobó en enero del 2011.
La guía está disponible a través de la web de la Xunta y será distribuida en 15.000 folletos que se repartirán por todos los centros asistenciales y sanitarios de Galicia.

 La Voz el día 3 de Abril

 Os dejo el enlace de la guía:   Guía de apoyo a la maternidad

Alba lópez.

Plan de Parto e Nacemento

0 comentarios
 Os dejo en esta entrada el enlace al Plan de parto elaborado por un grupo de profesionales del Servizo Galego de Saúde y que podéis encontrar en la página web del SERGAS.
Su finalidad es proporcionar a la mujer un documento mediante el cual manifestar por escrito sus deseos, necesidades, preferencias y expectativas en relación con el trabajo de parto y con el nacimiento de su futuro hijo, mejorando de esta manera la relación con los profesionales sanitarios

Además se ofrece,de manera resumida, información sobre las prácticas adecuadas para la asistencia al parto.


Alba López.

Lactancia inducida.

0 comentarios


La lactancia inducida, consiste en estimular la producción de leche en una mujer que no ha estado embarazada, es el caso por ejemplo, de mujeres que adoptan un niño y desean darle el pecho.
Es un procedimiento largo y dificultoso, el requisito fundamental para poder conseguirlo es la convicción de que es posible y el deseo de amamantar a tu hijo. Partiendo de esto os ofrecemos algunos consejos para alcanzar vuestra meta:


- Se recomienda comenzar la estimulación del pecho unos 2 meses antes de la llegada a casa del bebé. Lo ideal sería  realizar un masaje sobre la mama y después utilizar un sacaleches eléctrico. Lo más importante es estimular el pecho con frecuencia, debes empezar poco a poco, lo ideal serían sobre unas 8 veces al día y no permanecer con el sacaleches más de 10-15 minutos en cada pecho.



- No está probada la necesidad de tratamiento hormonal, puede ayudarte el uso el uso de galactogogos, consulta a tu médico sobre este tema.
- Una vez que el bebé entre en tu familia es muy importante la cercanía, mantén el contacto piel con piel el mayor tiempo posible y ofrécele el pecho con frecuencia. Las tomas nocturnas aumentan la producción de prolactina. Y la cercanía aumentará vuestro vínculo afectivo.



- Es posible que no produzcas la suficiente leche como para suplir las necesidades nutricionales de tu bebé, sobre todo en un principio. Puedes utilizar un relactador, una cucharilla o un vasito para ofrecerle el suplemento que necesite. Una vez que la producción aumente podrás ir reduciendo el suplemento, Debes controlar la evolución del peso del niño.









-  Evita inicialmente el uso de chupetes y biberones hasta conseguir un agarre eficaz. Si el bebé no se agarra con facilidad al pecho puedes dejar gotear unas gotas de leche sobre el pezón.

-        Debes pedir consejo de un profesional, acudir a un grupo de apoyo a la lactancia puede serte de gran ayuda para compartir experiencias y resolver dudas.




- Relájate y disfruta de tu hijo, el estrés dificulta la producción láctea.



Alba López

lunes, 1 de abril de 2013

Pues a nosotras nos parecen los más lindos...

0 comentarios



Cris Valiño

La Herida Innombrable, por Almudena Grandes

0 comentarios
        Podría parecer una historia de terror, fruto de la imaginación de un escritor misógino y cruel, pero no existen ficciones capaces de competir con la realidad en el ámbito del sufrimiento humano. Por eso, lo que voy a contarles no es un cuento.
       Yo lo conocí gracias a José Manuel Devesa, un médico español que viaja todos los años a Madagascar para intentar reparar, en la medida de su abnegación y sus capacidades, una tragedia oculta, la “herida innombrable” que arruina para siempre la vida de varios millones de mujeres africanas –más de dos, dicen algunos; más de tres, calculan otros–, tan jóvenes que apenas han llegado a merecer ese nombre cuando se convierten en unas apestadas.
         El proceso es fácil de entender. En la mayoría de los países de África, el hambre y la pobreza extrema convierten a las hijas casaderas en una precaria oportunidad de prosperar. Las familias no suelen esperar. Pocos meses después de su primera menstruación, las hijas entran en un mercado donde las transacciones se cierran a menudo por un precio tan módico, tan elevado a la vez, como un cebú. Casar a una hija es lo mismo que venderla, y una vez entregada a su marido, sus padres quedan al margen de su destino. Ese destino comienza casi siempre por un embarazo tan precoz que las futuras madres no han dejado de ser niñas cuando llega el momento del parto.
         En países donde la sanidad pública se limita a unas pocas y paupérrimas instalaciones sólo en las grandes ciudades, las niñas-esposas se ven abocadas a parir solas, a lo sumo, y con mucha suerte, bajo la tutela de una partera. Sus cuerpos inmaduros no han terminado de desarrollarse aún, sus pelvis estrechas son incapaces de dilatar lo suficiente como para que el bebé nazca por sí solo. Por eso, en un porcentaje muy elevado de casos, los partos se obstruyen y el feto termina muriendo en el interior del cuerpo de su madre, donde permanece hasta que encoge lo suficiente para ser expulsado. En ese periodo, que puede durar varios días, el cadáver del bebé necrosa los tejidos que lo rodean, abriendo un agujero –una fístula– que comunica la vejiga de la parturienta con su vagina. Y en ese momento, la suerte de una niña que ha tenido que afrontar una boda sin amor, el sexo sin deseo, un embarazo sin preparación, un parto sin ayuda y la muerte de su primer hijo a los 11 o 12 años de edad, se arruina sin remedio.
         Las víctimas de esta situación son inmediatamente repudiadas por sus maridos y no pueden regresar a la casa de su familia, que se avergüenza de ellas. Una mujer que no vale para tener hijos no sirve para nada. Una mujer que expulsa orina sin control por la vagina está incapacitada para mantener relaciones sexuales, y tampoco puede trabajar, integrarse de ningún modo en la sociedad. A una mujer que, antes de llegar a ser una mujer, ha soportado ya toda esta cadena de calamidades, sólo le queda la opción de vagar por los caminos, vivir de la limosna que obtenga mendigando y buscar un hueco donde cobijarse en un mercado, el único lugar en el que un charco en el suelo no señala en público su infamia y la espesura de los olores fuertes le permite pasar desapercibida. Y así un día, y otro, y otro más, para millones de niñas, de mujeres africanas.
          La fístula obstétrica se produce con mucha facilidad, pero es muy difícil de operar. En la mayoría de los países africanos existen pocos cirujanos nativos capaces de llevar a cabo con éxito esta intervención. La suerte de varios millones de mujeres depende de la fortuna de cruzarse en el camino con alguno de los equipos de voluntarios occidentales que viajan cada año con el doble propósito de operar a las pacientes que puedan y formar, en la medida de sus posibilidades, a personal sanitario de los países a los que acuden. Y el mundo no sabe nada. Nadie se preocupa por el destino de estas mujeres apartadas, apestadas, solas y sin futuro. Es inconcebible. Es la realidad.
     La fundación Mujeres por África ha publicado Llévame a Farafangana, la novela de terror, también de amor, en la que el doctor Devesa ha relatado su experiencia en Madagascar. Ha sido la manera de anunciar una campaña, Stop fístula, que pretende acabar con este problema en Liberia. Cuando me invitaron a participar en la presentación, no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar, pero el relato de este horror ha abierto en mi espíritu una herida con dos nombres.
 
           Yo tengo dos hijas, pero incluso si ustedes no tienen ninguna, su solidaridad logrará que las víctimas de esta injusticia atroz no se sientan tan solas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cris Valiño